Publicado: 23 de Noviembre de 2016

La existencia de condensaciones en las ventanas es síntoma de un exceso de humedad ambiental en la vivienda. Da igual el tipo de ventana que se instale, que si hay mucha humedad siempre se condensará en las ventanas, ya que será la superficie más fría de la casa. Lo mismo ocurre en los baños durante la ducha en que la humedad se condensa en los cristales y cerámicas.

Se puede comprobar la existencia de un problema de humedad ambiental con un higrómetro. La humedad en el interior de las viviendas durante el invierno debe oscilar entre un 30 y un 60% de humedad relativa. Si en algún momento del día supera el 60%, existe un problema de humedad ambiental. La principal causa de la humedad ambiental es la excesiva hermeticidad de la vivienda, la falta de ventilación y una defectuosa regulación de la calefacción. Las rejillas de ventilación de la cocina deben estar abiertas y los shunts de los baños también, ya que mantienen una renovación del aire interior que reduce la humedad del aire. El cambio de las antiguas ventanas por otras nuevas, aunque mejora las perdidas de calor en la vivienda, suele agravar el problema, ya que son más herméticas y reducen la renovación del aire a través de ellas.

La forma de reducir la humedad interior de la vivienda es ventilando cuando haya la mayor diferencia de temperatura entre el exterior y el interior de la vivienda (a primera hora de la mañana, habiendo estado funcionando la calefacción antes al menos una hora). A menor temperatura tiene el aíre, menor capacidad de absorver humedad. Si en el exterior hacen 5 grados y la humedad relativa (la que miden los higrómetros) exterior es del 50%, el aire contiene 2,69 g/kg de agua. Si en el interior hacen 20 grados y la humedad es del 50%, el aire contiene 7,26g/kg de agua, es decir, dos veces y media más que el aire exterior. Si se abren las ventanas, sale aire con 7,26 g/kg de agua y entra con 2,69 g/kg. Al subir la temperatura del aire exterior que ha entrado en la vivienda de 5 a 20 grados, el aire aumenta su capacidad de absorver humedad, así 2,69 g/kg de agua en el aire que entra si se sube a 20 grados representa una humedad relativa del 20%, lo que permite secar el interior de la vivienda.

El mejor momento para abrir las ventanas es a primera hora de la mañana en la que el aire exterior está bastante frío y por tanto con poca humedad absoluta, mientras el interior de la vivienda está a unos 20 grados. Basta con abrir todas las ventanas de la vivienda durante 5 ó 10 minutos para que el aire salga cargado de humedad de la vivienda y entre aire fríó del exterior con muy poca humedad absoluta, que al calentarse absorverá la humedad de la vivienda. En este sentido las paredes se comportan como esponjas. Al cabo de unos días se reducirá considerablemente la humedad ambiental y ya no se producirán condensaciones en las ventanas.

Se puede usar un deshumidificador para reducir la humedad del aire, pero la existencia de humedad ambiental excesiva es síntoma de falta de ventilación y de mala calidad del aire (cargado de CO2 de la respiración y traspiración humana). La mejor regulación de calefacción para evitar humedad interior es fijar una temperatura en el termostato y mantenerla sin apenas variaciones (generalmente 21 grados sin que baje nunca de 18). El apagado y encendido de la calefacción favorece las condensaciones y el exceso de humedad, ya que, cuando baja la temperatura interior, aumenta la humedad relativa del aire y la posibilidad de que condense. Para evitar la condensación en el hogar hay que ventilar al menos de 5 a 10 minutos al día con una temperatura alta en el interior de la vivienda. La ventilación por corriente cruzada es la que mejor resultado da, porque en poco tiempo el aire se renueva por completo y las paredes y techos casi no se enfrían, lo que implica una leve pérdida energética.